Día a día, compartimos prácticamente cualquier cosa que vivimos. Si leemos una noticia interesante, tardamos apenas 30 segundos en publicarla en Twitter. Cuando volvemos de nuestras increíbles vacaciones, no dudamos subir nuestro álbum de fotos a Facebook. ¿Y cuando salimos a un nuevo restaurante? Instagram se convierte en la mejor plataforma para dejar constancia de ese suculento plato que nos ha hecho la boca agua. Y no solo eso, sino que ese pequeño ritual que ya hace casi el 30% de sus usuarios puede lograr que cualquier comida sepa (incluso) mejor en nuestro paladar.
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Según un estudio realizado por el Journal of Consumer Marketing, tomar una fotografía y hacerla pública en Instagram produce “una percepción favorable” del plato de comida en cuestión. De este modo, “aumenta y mejora la actitud” a la hora de evaluar la experiencia. ¿Cómo es posible? Al hacer una simple foto antes de llevarnos el tenedor a la boca, estamos diciendo a nuestras papilas gustativas que lo mejor está por venir. Es decir, lo que realmente hacemos es, según la expresión, ‘comer por los ojos’.
Los resultados confirmaron que aquellas personas que habían capturado el plato de comida antes de probarlo, le daban una puntuación más alta que aquellos que no lo hicieron. Y aunque no hay una explicación exacta de por qué sucede esto, lo que sí parece cierto es que no es la foto en sí misma, sino el tiempo que dedicamos a tomarla, lo que desencadena esta reacción. Dedicar un par de minutos a hacer una instantánea y subirla a redes sociales es un acto que consideramos de valor para nuestros seguidores. Por tanto estamos, de manera inconsciente, diciéndonos a nosotros mismos que el sabor de ese plato también merecerá la pena.
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Asimismo durante el estudio, los investigadores también pudieron comprobar que fotografiar comida sana nos hace estar más predispuestos a querer disfrutar de una dieta más saludable. Aunque, siendo sinceros, somos bastante escépticos de que el debate judías verdes versus patatas fritas tenga como ganadoras a las primeras, con o sin foto de por medio.
De lo que no hay duda es que, si realmente queremos acabar el plato con una sensación placentera, no hay nada mejor como dejar los móviles fuera de la mesa y a disfrutar de la comida -y la compañía-.